Viernes 10 de Octubre de 2014
Último día de mi primer semana de prácticas y pienso que
aún hay mucho que trabajar en este salón de clases; voy dispuesta a seguir
dando lo mejor de mí, a motivar, interesar e impulsar a los alumnos para seguir
creciendo y aprendiendo juntos.
Mientras esperaba el toque de entrada y veía llegar a los
niños, se acercó Elías conmigo, me dijo “maestra si traje el material” y me lo
mostró, me dio tanto gusto que no pude evitarlo y lo abracé, dándole las
gracias y diciéndole “yo sabía que no me fallarías”. Con esta acción bastó para
darme cuenta que iba por buen camino y que si seguíamos así, él demostraría que
podía hacerlo.
Antes de dar inicio a los contenidos que vinculé de
matemáticas e historia, pregunté quienes habían llevado el material y la
mayoría cumplió con lo requerido, la profesora del grupo al darse cuenta que
Elías había cumplido, se sorprendió e incluso dijo -milagro que éste trajo el
material, nunca trae nada-, por eso insisto en que sus comentarios no ayudan,
por lo que decidí hacer como que no escuche nada y solo le dije a Elías con una
gran sonrisa -muy bien-.
Enseguida, inicié mi secuencia didáctica y todos estaban participando e incluso él; para mí el
escucharlo era un premio muy grande, sentía que estaba cumpliendo mi propósito
de guiarlo hacia el aprendizaje, los comentarios que aportaban eran muy buenos
y coherentes.
Después, solicité que elaboraran una línea del tiempo de
su vida, desde la etapa que se acordaran hasta la actual. Mientras ellos
trabajaban, estuve revisando los avances, aclarando dudas e inquietudes y me di
cuenta que todos trabajaron a pesar de que se quejaban de que no sabían
dibujar, por ello, siempre me ha gustado valorar los esfuerzos que hacen los
estudiantes para cumplir con las actividades. Posteriormente socializamos las
líneas del tiempo, verificamos que cumplieran con las características
solicitadas y corregimos errores.
Para continuar con las actividades, les repartí a algunos
alumnos unas tarjetas con fechas o sucesos y les expliqué en qué consistía el
trabajo; les narré una historia e íbamos haciendo pausas para comentar y
platicar acerca de ella, con la finalidad de que se fuera comprendiendo su
contenido. Al terminar el relato los estudiantes debían acomodar los
acontecimientos conforme ocurrieron en una línea del tiempo, pensé que se
darían dudas pero no fue así, entre todo el grupo se ayudaron y sacaron
adelante la actividad.
A pesar que la línea del tiempo del contenido de historia
fue un éxito, cuando nos dirigimos a contestar la actividad que venía en el
libro de desafíos, todo cambió, pues empezaron a desprenderse muchas dudas. Los
niños no sabían qué hacer, les expliqué varias veces y aún permanecían las
inquietudes, hasta que me di cuenta que
el problema se originaba porque no sabían convertir siglos a años o viceversa,
así que me regresé a los temas anteriores para retomarlos, estuve cuestionando
a los niños acerca de las equivalencias de los siglos, las décadas y los
lustros; como ejemplo tomé la actividad
del reloj, donde convertían horas a minutos y segundos, les pregunté qué
operaciones básicas realizaban para contestar estos ejercicios y estuve
relacionándolos con los siglos hasta que me dieron las respuestas correctas y
lograron entender la dinámica.
Debo reconocer que al principio me sentí mal porque pensé
que estaba fallando en la explicación, que no me estaba comunicando
correctamente con ellos, que no estaba cumpliendo con lo que dice Joan Dean
acerca de que “la tarea del maestro es
conseguir que el mensaje llegue lo más claramente posible”; esto cambio, cuando
pregunté qué era lo que no entendían y pude darme cuenta que el problema
radicaba en que los niños si sabían que hacer pero no sabían cómo hacerlo,
entonces tuvimos que aclarar esas dudas para poder continuar y culminar la
actividad.
Asimismo, el día de hoy continuamos con el proyecto de
español, cada estudiante elaboró un anuncio
de un producto de su comunidad en un pedazo de cartulina, lo presentó
frente al grupo y coevaluamos el trabajo hecho por cada uno, mencionando que
hacía falta agregar o quitar; reconozco que este grupo participa de manera
activa y brindan propuestas que sirven para mejorar los trabajos. Para
finalizar pedí a los alumnos que se autoevaluaran considerando las
características que se indicaban en el libro de texto y si detectaban que les hacía falta algo que lo
agregaran, pues éste solo era el primer borrador de su anuncio.
Ya que como dice Daniel Cassany el proceso de producción de
textos escritos tiene que atravesar por diversas fases como son: planificación,
textualización y evaluación. Así que nosotros dimos sólo el primer paso.
Para finalizar la labor docente, les apunte la tarea en el pizarrón
y les expliqué en qué consistía; Elías
fue el primero en apuntarla, se acercó y me dijo -ya la anoté maestra, no se
preocupe si la voy a traer-. Sin duda alguna, me sorprende cada vez más con su
actitud tan positiva y me siento realizada cuando me dice eso, porque
juntos le estamos demostrando a los demás que están equivocados respecto
a lo que piensan de él.
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