martes, 13 de enero de 2015

Diarios de clase


Viernes 10 de Octubre de 2014

Último día de mi primer semana de prácticas y pienso que aún hay mucho que trabajar en este salón de clases; voy dispuesta a seguir dando lo mejor de mí, a motivar, interesar e impulsar a los alumnos para seguir creciendo y aprendiendo juntos.

Mientras esperaba el toque de entrada y veía llegar a los niños, se acercó Elías conmigo, me dijo “maestra si traje el material” y me lo mostró, me dio tanto gusto que no pude evitarlo y lo abracé, dándole las gracias y diciéndole “yo sabía que no me fallarías”. Con esta acción bastó para darme cuenta que iba por buen camino y que si seguíamos así, él demostraría que podía hacerlo.

Antes de dar inicio a los contenidos que vinculé de matemáticas e historia, pregunté quienes habían llevado el material y la mayoría cumplió con lo requerido, la profesora del grupo al darse cuenta que Elías había cumplido, se sorprendió e incluso dijo -milagro que éste trajo el material, nunca trae nada-, por eso insisto en que sus comentarios no ayudan, por lo que decidí hacer como que no escuche nada y solo le dije a Elías con una gran sonrisa -muy bien-.

Enseguida, inicié mi secuencia didáctica y todos estaban  participando e incluso él; para mí el escucharlo era un premio muy grande, sentía que estaba cumpliendo mi propósito de guiarlo hacia el aprendizaje, los comentarios que aportaban eran muy buenos y coherentes.

Después, solicité que elaboraran una línea del tiempo de su vida, desde la etapa que se acordaran hasta la actual. Mientras ellos trabajaban, estuve revisando los avances, aclarando dudas e inquietudes y me di cuenta que todos trabajaron a pesar de que se quejaban de que no sabían dibujar, por ello, siempre me ha gustado valorar los esfuerzos que hacen los estudiantes para cumplir con las actividades. Posteriormente socializamos las líneas del tiempo, verificamos que cumplieran con las características solicitadas y corregimos errores.

Para continuar con las actividades, les repartí a algunos alumnos unas tarjetas con fechas o sucesos y les expliqué en qué consistía el trabajo; les narré una historia e íbamos haciendo pausas para comentar y platicar acerca de ella, con la finalidad de que se fuera comprendiendo su contenido. Al terminar el relato los estudiantes debían acomodar los acontecimientos conforme ocurrieron en una línea del tiempo, pensé que se darían dudas pero no fue así, entre todo el grupo se ayudaron y sacaron adelante la actividad.

A pesar que la línea del tiempo del contenido de historia fue un éxito, cuando nos dirigimos a contestar la actividad que venía en el libro de desafíos, todo cambió, pues empezaron a desprenderse muchas dudas. Los niños no sabían qué hacer, les expliqué varias veces y aún permanecían las inquietudes, hasta que me di cuenta  que el problema se originaba porque no sabían convertir siglos a años o viceversa, así que me regresé a los temas anteriores para retomarlos, estuve cuestionando a los niños acerca de las equivalencias de los siglos, las décadas y los lustros;  como ejemplo tomé la actividad del reloj, donde convertían horas a minutos y segundos, les pregunté qué operaciones básicas realizaban para contestar estos ejercicios y estuve relacionándolos con los siglos hasta que me dieron las respuestas correctas y lograron entender la dinámica.

Debo reconocer que al principio me sentí mal porque pensé que estaba fallando en la explicación, que no me estaba comunicando correctamente con ellos, que no estaba cumpliendo con lo que dice Joan Dean acerca de que  “la tarea del maestro es conseguir que el mensaje llegue lo más claramente posible”; esto cambio, cuando pregunté qué era lo que no entendían y pude darme cuenta que el problema radicaba en que los niños si sabían que hacer pero no sabían cómo hacerlo, entonces tuvimos que aclarar esas dudas para poder continuar y culminar la actividad.

Asimismo, el día de hoy continuamos con el proyecto de español, cada estudiante elaboró un anuncio  de un producto de su comunidad en un pedazo de cartulina, lo presentó frente al grupo y coevaluamos el trabajo hecho por cada uno, mencionando que hacía falta agregar o quitar; reconozco que este grupo participa de manera activa y brindan propuestas que sirven para mejorar los trabajos. Para finalizar pedí a los alumnos que se autoevaluaran considerando las características que se indicaban en el libro de texto y  si detectaban que les hacía falta algo que lo agregaran, pues éste solo era el primer borrador de su anuncio.

Ya que como dice Daniel Cassany el proceso de producción de textos escritos tiene que atravesar por diversas fases como son: planificación, textualización y evaluación. Así que nosotros dimos sólo el primer paso.

Para finalizar la labor docente, les apunte la tarea en el pizarrón y les expliqué en qué consistía;  Elías fue el primero en apuntarla, se acercó y me dijo -ya la anoté maestra, no se preocupe si la voy a traer-. Sin duda alguna, me sorprende cada vez más con su actitud tan positiva y me siento realizada cuando me dice eso,  porque  juntos le estamos demostrando a los demás que están equivocados respecto a lo que piensan de él.















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