martes, 16 de diciembre de 2014

Mi niño especial

Elías, es estudiante, cursa la primaria en la escuela federal Emilia Amador de Robertson, tiene 12 años y vive en el municipio de Mazatlán; Sinaloa.

Él atrajo mi atención porque a diferencia de sus compañeros, se sienta solo en su pupitre, carece de atención por parte del docente y cuando se menciona algún aspecto sobre él es negativo.

Físicamente es un niño de piel clara; nariz grande y gruesa; ojos café oscuro, medianos, semi rasgados y expresivos; ceja separadas, semi arqueadas, largas y semi pobladas; orejas y boca chica; dientes parejos y un poco amarillentos; cabello castaño oscuro y lacio como un puerco espín; frente amplia; cara gordita, semi larga, con algunas marcas de acné;  cachetón; mentón partido; es de complexión gruesa, alto con extremidades largas y acorde a su complexión.

Su carácter aparenta ser rebelde, pero en realidad es tímido, pues siempre está sentado en su butaca, con una mirada perdida, triste y la mayoría de las veces fija hacia el techo. Los maestros lo describen como un alumno irresponsable, indisciplinado, desordenado y travieso. Pero, no se han dado a la tarea de conocer el lado positivo de él, realmente no han descubierto su personalidad; en cambio yo en las pocas semanas que estuve a su lado logré obtener su confianza, a base de esfuerzo, dedicación, cariño, afecto y motivación. Elías es agradable; simpático; alegre y divertido; bondadoso; claro, un poco travieso, vago y flojito, pero es adorable.


Como todo escolar de primaria, porta uniforme: camisa blanca de cuello, que por cierto le queda corta en relación a su estatura, pantalón azul marino ajustado al cuerpo y tenis blancos. El estado de salud que presenta es sano y su aspecto se visualiza descuidado, pues su uniforme siempre esta arrugado y se observa sucio.

En sus ratos libres, se dedica al deporte, le fascina jugar futbol y platicar con sus amigos. Su familia nunca está en casa, por lo que se la pasa en la calle con los chicos de su colonia. A pesar de ello, muchas personas piensan que Elías no tiene aspiraciones a futuro pero están equivocados porque él quiere continuar sus estudios y si se lo propone lo puede lograr.






Texto Descriptivo

jueves, 11 de diciembre de 2014

Un día para recordar

Historieta en equipo
Da click en el enlace para que puedas observar la historieta que hemos creado, relacionada con el valor de la Igualdad.





http://www.pixton.com/mx/comic/tnwfgksj







Un dia para recordar


Texto Narrativo











lunes, 1 de diciembre de 2014



Un deseo por realizar

Elías es un niño de piel clara, ojos grandes y expresivos, cabello castaño oscuro y lacio, en su cara tiene acné, es de complexión gruesa y alto. Es un alumno que tiene 12 años de edad, por lo que debería estar cursando la secundaria, pero no es así, ya que repitió su primer grado y ahora esta recursando su quinto grado, en la escuela primaria federal “Emilia Amador de Robertson”. Según comentarios de su maestro anterior y de la profesora, -Está recursando porque no trabaja y es “burro”, no pone atención, sus capacidades mentales no le dan para más-. Sin embargo, mientras me dispuse a observarlo en clases, noté que es muy serio y participativo, pero desgraciadamente sus participaciones no son valoradas o tomadas en cuenta, simplemente las ignoran.

En esos momentos, al observarlo, sentado en su silla, con la vista pérdida, dirigida hacia el techo del salón, al percibir esa mirada que reflejaba tanta tristeza, me puse a pensar, ¿cómo es posible que sus aportaciones o comentarios no merezcan la atención mínimamente para ser corregidos?, fue justo aquí cuando decidí acercarme a él para informarme más sobre lo que estaba sucediendo, quería dar respuesta a los comentarios negativos que se hacían, quería demostrar que los maestros también pueden equivocarse al juzgar, es decir, quería contestarme si realmente no trabajaba porque no quería o porque no podía.

Un día en recreo, mientras todos los niños jugaban futbol, lotería, elástico, etc.  le pedí que me dedicara un poco de su tiempo, que se quedara conmigo en el salón, porque quería platicar con él y aceptó, así que traté de que fuera una conversación normal, cotidiana, que no se diera cuenta que mediante esa plática estaría buscando o rescatando posibles respuestas para mis interrogantes; entonces, estábamos allí, sentados, charlando como buenos amigos y, durante el diálogo surgió la pregunta acerca de ¿por qué no trabajaba?, su respuesta fue que la maestra no confiaba en él, ni él en ella. Inmediatamente me di cuenta que aquí estaba una de mis respuestas, sí podía y quería trabajar, pero el problema radicaba en que los maestros no confiaban en él y en sus capacidades, por esa razón no avanzaba, no se sentía cómodo con sus maestros o mejor dicho no sentía la aceptación de éstos, más bien, sentía cierto rechazo de su parte.

Ahora mi nueva pregunta es ¿por qué existen maestros incapaces de confiar en sus alumnos?, pierden tanto tiempo juzgándolos, hablando mal de ellos, desconfiando de sus capacidades; que no dedican un poco de su tiempo para conocerlos realmente, para ayudarlos, motivarlos e interesarlos.

Por otro lado, al descubrir lo que Elías necesitaba, decidí dar el primer paso y, ¿cuál fue? pues darle lo que los otros maestros no podían, “confianza”, le hice saber que confiaba en él, que me interesaba que aprendiera; para ello, dediqué tiempo a escuchar y valorar sus participaciones, lo estuve motivando e impulsando constantemente para que trabajara; hasta que al fin, llegó mi premio y recompensa, el niño estuvo cumpliendo con los trabajos, llevaba el material a clases, era de los primeros en terminar sus anotaciones y lo mejor está en que ya no necesitaba estarle diciendo las cosas, las hacía por sí mismo, pero siempre demostrándome que podía hacerlo y que no me estaba defraudando.

Desde el momento en que me demostró que sí trabajaba, fue cuando dio inicio mi deseo de querer lograr que sobresalga, que esos comentarios negativos trasciendan a ser positivos y más que demostrarme a mí que sí puede, se lo demostrará a sí mismo, a los maestros, a sus compañeros, a sus padres y a la sociedad; claro, soy consciente que aún falta más por trabajar pero ya estamos en el camino y solamente nos queda avanzar, hasta lograr que sea reconocido por ser un gran estudiante.

A pesar de ello, sé que no le he dado ni la mínima parte de todo lo que necesita, aun así, existe un buen comienzo, ya empecé por brindarle mi confianza, motivarlo, apoyarlo y ayudarlo.

Además, juntos podemos lograr una gran transformación, un cambio que dé un giro de 360 grados; él tiene potencial, yo lo he descubierto, sólo hace falta seguir impulsándolo, para que pueda lograr más de lo que imagina, porque puede exceder las expectativas de cualquier persona y eso es lo que demostraremos.