lunes, 1 de diciembre de 2014



Un deseo por realizar

Elías es un niño de piel clara, ojos grandes y expresivos, cabello castaño oscuro y lacio, en su cara tiene acné, es de complexión gruesa y alto. Es un alumno que tiene 12 años de edad, por lo que debería estar cursando la secundaria, pero no es así, ya que repitió su primer grado y ahora esta recursando su quinto grado, en la escuela primaria federal “Emilia Amador de Robertson”. Según comentarios de su maestro anterior y de la profesora, -Está recursando porque no trabaja y es “burro”, no pone atención, sus capacidades mentales no le dan para más-. Sin embargo, mientras me dispuse a observarlo en clases, noté que es muy serio y participativo, pero desgraciadamente sus participaciones no son valoradas o tomadas en cuenta, simplemente las ignoran.

En esos momentos, al observarlo, sentado en su silla, con la vista pérdida, dirigida hacia el techo del salón, al percibir esa mirada que reflejaba tanta tristeza, me puse a pensar, ¿cómo es posible que sus aportaciones o comentarios no merezcan la atención mínimamente para ser corregidos?, fue justo aquí cuando decidí acercarme a él para informarme más sobre lo que estaba sucediendo, quería dar respuesta a los comentarios negativos que se hacían, quería demostrar que los maestros también pueden equivocarse al juzgar, es decir, quería contestarme si realmente no trabajaba porque no quería o porque no podía.

Un día en recreo, mientras todos los niños jugaban futbol, lotería, elástico, etc.  le pedí que me dedicara un poco de su tiempo, que se quedara conmigo en el salón, porque quería platicar con él y aceptó, así que traté de que fuera una conversación normal, cotidiana, que no se diera cuenta que mediante esa plática estaría buscando o rescatando posibles respuestas para mis interrogantes; entonces, estábamos allí, sentados, charlando como buenos amigos y, durante el diálogo surgió la pregunta acerca de ¿por qué no trabajaba?, su respuesta fue que la maestra no confiaba en él, ni él en ella. Inmediatamente me di cuenta que aquí estaba una de mis respuestas, sí podía y quería trabajar, pero el problema radicaba en que los maestros no confiaban en él y en sus capacidades, por esa razón no avanzaba, no se sentía cómodo con sus maestros o mejor dicho no sentía la aceptación de éstos, más bien, sentía cierto rechazo de su parte.

Ahora mi nueva pregunta es ¿por qué existen maestros incapaces de confiar en sus alumnos?, pierden tanto tiempo juzgándolos, hablando mal de ellos, desconfiando de sus capacidades; que no dedican un poco de su tiempo para conocerlos realmente, para ayudarlos, motivarlos e interesarlos.

Por otro lado, al descubrir lo que Elías necesitaba, decidí dar el primer paso y, ¿cuál fue? pues darle lo que los otros maestros no podían, “confianza”, le hice saber que confiaba en él, que me interesaba que aprendiera; para ello, dediqué tiempo a escuchar y valorar sus participaciones, lo estuve motivando e impulsando constantemente para que trabajara; hasta que al fin, llegó mi premio y recompensa, el niño estuvo cumpliendo con los trabajos, llevaba el material a clases, era de los primeros en terminar sus anotaciones y lo mejor está en que ya no necesitaba estarle diciendo las cosas, las hacía por sí mismo, pero siempre demostrándome que podía hacerlo y que no me estaba defraudando.

Desde el momento en que me demostró que sí trabajaba, fue cuando dio inicio mi deseo de querer lograr que sobresalga, que esos comentarios negativos trasciendan a ser positivos y más que demostrarme a mí que sí puede, se lo demostrará a sí mismo, a los maestros, a sus compañeros, a sus padres y a la sociedad; claro, soy consciente que aún falta más por trabajar pero ya estamos en el camino y solamente nos queda avanzar, hasta lograr que sea reconocido por ser un gran estudiante.

A pesar de ello, sé que no le he dado ni la mínima parte de todo lo que necesita, aun así, existe un buen comienzo, ya empecé por brindarle mi confianza, motivarlo, apoyarlo y ayudarlo.

Además, juntos podemos lograr una gran transformación, un cambio que dé un giro de 360 grados; él tiene potencial, yo lo he descubierto, sólo hace falta seguir impulsándolo, para que pueda lograr más de lo que imagina, porque puede exceder las expectativas de cualquier persona y eso es lo que demostraremos.



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