Un deseo por realizar
Elías es un niño de piel clara, ojos grandes y
expresivos, cabello castaño oscuro y lacio, en su cara tiene acné, es de
complexión gruesa y alto. Es un alumno que tiene 12 años de edad, por lo que
debería estar cursando la secundaria, pero no es así, ya que repitió su primer
grado y ahora esta recursando su quinto grado, en la escuela primaria federal
“Emilia Amador de Robertson”. Según comentarios de su maestro anterior y de la profesora,
-Está recursando porque no trabaja y es “burro”, no pone atención, sus
capacidades mentales no le dan para más-. Sin embargo, mientras me dispuse a
observarlo en clases, noté que es muy serio y participativo, pero desgraciadamente
sus participaciones no son valoradas o tomadas en cuenta, simplemente las
ignoran.
En esos momentos, al observarlo, sentado en su silla, con
la vista pérdida, dirigida hacia el techo del salón, al percibir esa mirada que
reflejaba tanta tristeza, me puse a pensar, ¿cómo es posible que sus
aportaciones o comentarios no merezcan la atención mínimamente para ser
corregidos?, fue justo aquí cuando decidí acercarme a él para informarme más
sobre lo que estaba sucediendo, quería dar respuesta a los comentarios
negativos que se hacían, quería demostrar que los maestros también pueden
equivocarse al juzgar, es decir, quería contestarme si realmente no trabajaba
porque no quería o porque no podía.
Un día en recreo, mientras todos los niños jugaban
futbol, lotería, elástico, etc. le pedí
que me dedicara un poco de su tiempo, que se quedara conmigo en el salón,
porque quería platicar con él y aceptó, así que traté de que fuera una conversación
normal, cotidiana, que no se diera cuenta que mediante esa plática estaría buscando
o rescatando posibles respuestas para mis interrogantes; entonces, estábamos
allí, sentados, charlando como buenos amigos y, durante el diálogo surgió la
pregunta acerca de ¿por qué no trabajaba?, su respuesta fue que la maestra no
confiaba en él, ni él en ella. Inmediatamente me di cuenta que aquí estaba una
de mis respuestas, sí podía y quería trabajar, pero el problema radicaba en que
los maestros no confiaban en él y en sus capacidades, por esa razón no
avanzaba, no se sentía cómodo con sus maestros o mejor dicho no sentía la
aceptación de éstos, más bien, sentía cierto rechazo de su parte.
Ahora mi nueva pregunta es ¿por qué existen maestros
incapaces de confiar en sus alumnos?, pierden tanto tiempo juzgándolos,
hablando mal de ellos, desconfiando de sus capacidades; que no dedican un poco
de su tiempo para conocerlos realmente, para ayudarlos, motivarlos e
interesarlos.
Por otro lado, al descubrir lo que Elías necesitaba,
decidí dar el primer paso y, ¿cuál fue? pues darle lo que los otros maestros no
podían, “confianza”, le hice saber que confiaba en él, que me interesaba que
aprendiera; para ello, dediqué tiempo a escuchar y valorar sus participaciones,
lo estuve motivando e impulsando constantemente para que trabajara; hasta que
al fin, llegó mi premio y recompensa, el niño estuvo cumpliendo con los
trabajos, llevaba el material a clases, era de los primeros en terminar sus
anotaciones y lo mejor está en que ya no necesitaba estarle diciendo las cosas,
las hacía por sí mismo, pero siempre demostrándome que podía hacerlo y que no
me estaba defraudando.
Desde el momento en que me demostró que sí trabajaba, fue
cuando dio inicio mi deseo de querer lograr que sobresalga, que esos
comentarios negativos trasciendan a ser positivos y más que demostrarme a mí
que sí puede, se lo demostrará a sí mismo, a los maestros, a sus compañeros, a
sus padres y a la sociedad; claro, soy consciente que aún falta más por
trabajar pero ya estamos en el camino y solamente nos queda avanzar, hasta
lograr que sea reconocido por ser un gran estudiante.
A pesar de ello, sé que no le he dado ni la mínima parte
de todo lo que necesita, aun así, existe un buen comienzo, ya empecé por brindarle
mi confianza, motivarlo, apoyarlo y ayudarlo.
Además, juntos podemos lograr una gran transformación, un
cambio que dé un giro de 360 grados; él tiene potencial, yo lo he descubierto,
sólo hace falta seguir impulsándolo, para que pueda lograr más de lo que
imagina, porque puede exceder las expectativas de cualquier persona y eso es lo
que demostraremos.
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